Reflexiones

Desmitificando el Metaverso: Un viaje a través de la realidad aumentada y los mundos virtuales.

La palabra “Metaverso” evoca imágenes de un futuro lejano, lleno de avatares digitales, gafas de realidad virtual y mundos virtuales inmersivos. Esta narrativa, impulsada en gran medida por grandes empresas de tecnología, ha creado la percepción de que el Metaverso es algo que aún no existe, un destino al que “llegaremos” en unos años. Sin embargo, esta visión es un malentendido. El Metaverso no es un único lugar ni una tecnología que está por venir; es una evolución de la forma en que interactuamos con la tecnología, y ya está presente en nuestra vida de maneras sutiles pero poderosas. ​Para entender el Metaverso, debemos desprendernos de la idea de que es solo un mundo virtual. Es, en esencia, la convergencia de nuestra realidad física y el mundo digital. Es una red de experiencias, herramientas y comunidades interconectadas que combinan elementos de ambos mundos. En lugar de estar completamente inmersos en un solo espacio digital, pasamos de un “mini-metaverso” a otro sin siquiera darnos cuenta. ​Realidad Aumentada (AR): El Metaverso en el mundo real ​La forma más accesible del Metaverso es la realidad aumentada. Esta tecnología superpone elementos digitales en nuestro entorno físico a través de la pantalla de nuestro teléfono o tablet. Piensa en el popular juego Pokémon GO, donde los personajes virtuales aparecían en parques y calles reales. Eso es AR. Los filtros de Instagram que añaden orejas de perro a tu cara o las aplicaciones de las tiendas que te permiten ver cómo se vería un sofá en tu sala de estar son ejemplos cotidianos de AR. Estas experiencias son Metaverso porque están creando una capa digital que interactúa con tu realidad, en tiempo real. ​Mundos Virtuales: Más allá de los videojuegos ​Los videojuegos han sido, durante mucho tiempo, los pioneros del Metaverso. Plataformas como Roblox o Fortnite son, de hecho, ecosistemas digitales donde millones de personas no solo juegan, sino que socializan, asisten a conciertos virtuales, compran ropa para sus avatares e incluso asisten a clases. Estos mundos son persistentes, lo que significa que continúan existiendo y evolucionando incluso cuando el usuario no está conectado. No son solo videojuegos, son espacios sociales y económicos digitales. ​Colaboración en la era digital ​Más allá del entretenimiento, el Metaverso también está redefiniendo nuestro trabajo. Plataformas como Microsoft Teams o Google Meet están integrando avatares y espacios virtuales compartidos para hacer las reuniones de trabajo más inmersivas y dinámicas. Las conferencias y eventos virtuales, que se volvieron populares durante la pandemia, son otro ejemplo de cómo nos movemos a un espacio digital compartido para colaborar, aprender y conectar. ​En conclusión, el Metaverso no es una película de ciencia ficción. Es una evolución continua de la forma en que vivimos, trabajamos y nos conectamos. Desmitificar este concepto es reconocer que ya estamos en el camino. Al entender que el Metaverso no es un lugar único al que nos mudaremos, sino una red de experiencias que ya usamos, podemos apreciar su verdadero potencial para enriquecer nuestras vidas y expandir nuestras posibilidades.

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​”El Metaverso existe, pero no es lo que crees: Un viaje por las realidades virtuales que ya usamos”

Cuando escuchamos la palabra “Metaverso”, la mente suele viajar a mundos futuristas de realidad virtual, con avatares que socializan en espacios digitales y personas que usan gafas voluminosas. Esta imagen, impulsada por grandes campañas de marketing, ha creado la percepción de que el Metaverso es una tecnología lejana, algo que “llegará” en unos años. Sin embargo, esta visión es un malentendido. El Metaverso no es un concepto monolítico, ni un destino futuro; es una evolución gradual de la forma en que interactuamos con el mundo digital, y ya estamos viviendo en él de muchas maneras.​El Metaverso, en su definición más simple, es la convergencia de la realidad física y la digital en un entorno persistente. En lugar de ser un solo mundo virtual, es una red de mundos interconectados, experiencias y comunidades que trascienden el simple uso de una pantalla. Si bien las gafas de realidad virtual son la manifestación más obvia, el Metaverso también se encuentra en lugares menos esperados.​1. Los mundos de los videojuegos: Plataformas como Fortnite o Roblox son, en esencia, mini-metaversos.  Millones de usuarios no solo juegan en estos espacios, sino que asisten a conciertos virtuales, socializan en fiestas temáticas y compran activos digitales para personalizar sus avatares. Estos mundos son persistentes, lo que significa que continúan existiendo y evolucionando incluso cuando el usuario no está conectado. Este es un ejemplo perfecto de cómo el Metaverso ha estado con nosotros por años.​2. La realidad aumentada (AR): La AR es la capa digital que se superpone a nuestro mundo físico. Piensa en el filtro de Instagram que te pone orejas de gato o la aplicación de IKEA que te permite visualizar un mueble en tu sala de estar antes de comprarlo. Estos son pequeños metaversos en sí mismos, ya que combinan lo real con lo digital de una manera interactiva. El popular juego Pokémon GO fue uno de los primeros ejemplos masivos que mostró a la gente cómo la AR podía crear una experiencia compartida en el mundo físico.​3. Las reuniones virtuales y el trabajo remoto: Plataformas como Microsoft Teams o Google Meet se han convertido en espacios persistentes para el trabajo y la colaboración. Los equipos ya no solo se conectan a través de una llamada; utilizan avatares, pizarras virtuales y entornos compartidos que crean una sensación de presencia, aunque no estén en la misma habitación. Esto es un ejemplo de cómo el Metaverso está redefiniendo la forma en que interactuamos profesionalmente.​En conclusión, el Metaverso no es algo que debamos esperar a que “llegue” por completo. Es una colección de tecnologías y experiencias que ya están entrelazadas en nuestra vida diaria. El verdadero futuro del Metaverso no será un solo mundo dominado por una sola compañía, sino una red de interconexiones y experiencias que nos permitirán pasar sin problemas del mundo físico al mundo digital. Abrazar esta realidad es entender que el viaje no ha comenzado, sino que ya estamos en él.

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